Una dirección que la semana pasada abría y hoy devuelve error. Una página que carga en casa y no carga en el móvil. Un sitio de anuncios que, sin aviso, deja de aparecer. La pregunta que viene a continuación es casi siempre la misma y tiene dos mitades: ¿esto es legal, y el problema es mío o del sitio? Vale la pena separarlas, porque son cosas distintas — una es de derecho, la otra es de red, y una casi nunca explica la otra.
Prostitución y proxenetismo: la distinción que está en la base de todo
En Portugal, el Código Penal no castiga a quien se prostituye. Lo que castiga es a quien explota la prostitución de otra persona — a eso se le llama lenocinio, o proxenetismo, y el artículo en cuestión es el 169.º. La distinción se establece entre la persona que presta el servicio y el tercero que fomenta, favorece o facilita el ejercicio de la prostitución ajena.
Nótese lo que esta distinción no hace: no produce listas de sitios autorizados ni de sitios prohibidos. La ley habla de personas y de conductas, no de direcciones. Por eso la respuesta a «¿por qué no abre?» casi nunca está en un artículo de un código — y por eso las dos mitades de la pregunta se tratan en lugares distintos de esta página.
Esta página describe lo que existe y lo que dicen las fuentes que cita. No es asesoramiento jurídico: un caso concreto se consulta con un abogado.
La propuesta de 2020 sigue siendo una propuesta
Circula con frecuencia, citado como si fuera legislación en vigor, un texto articulado de 2020 para regularizar la actividad. Es una propuesta. Escribir que es ley sería un error, y quien la encuentra presentada como «la nueva ley» está leyendo un proyecto disfrazado de norma. Vale la pena saber lo que allí figuraba, precisamente porque mucha de la confusión sobre el tema viene de ese texto:
- definía la prostitución como la prestación de servicios sexuales con consentimiento libre e informado, previamente acordados y rechazables en cualquier momento;
- fijaba en 21 años la edad mínima para prestar esos servicios;
- preveía contratos de prestación de servicios, una clasificación de actividad económica propia y un régimen de cotizaciones y apoyos sociales;
- imponía exámenes médicos cada seis meses, con la información clínica confidencial y solo un certificado de aptitud accesible a terceros;
- admitía establecimientos registrados, sin señales exteriores de carácter sexual y sujetos a inspección;
- y, en el artículo sobre publicidad, limitaba la promoción a páginas propias, a secciones señaladas de anuncios en periódicos y a sitios dedicados a anuncios, correspondiendo al anunciante comprobar la edad y la legalidad de la permanencia en el país de quien se promociona.
El artículo más trascendente era otro: el que reescribía el 169.º del Código Penal, derogando su n.º 1 y dejando punible la conducta de quien fomente, favorezca o facilite la prostitución de otra persona con violencia o amenaza grave, mediante ardid, con abuso de autoridad o aprovechándose de una especial vulnerabilidad. Es decir: reducía el delito a los casos de explotación. Mientras la propuesta sea propuesta, eso es exactamente lo que es — una intención escrita, no una regla aplicable.
Por qué un sitio decide por país
Quien opera una plataforma accesible desde varios países no tiene una sola norma que cumplir. El tema se trata de manera diferente según la jurisdicción, y el propio debate se divide en posiciones que no se concilian: hay quien defiende la abolición, quien defiende la regulación y quien defiende la despenalización. No son variantes de redacción: son modelos distintos, con consecuencias distintas para quien publica anuncios.
Ante esa variedad, la salida más barata para un operador es trazar una línea en el mapa y cortar por país entero, muchas veces por precaución y sin que exista una prohibición concreta al otro lado. El bloqueo por país es, ante todo, una decisión de gestión de riesgo de quien publica, y al lector le conviene saberlo, porque significa que un sitio que no abre no le está informando de nada sobre la ley del lugar donde se encuentra.
Cómo funciona, por dentro, el bloqueo por país
El mecanismo —geo-blocking, en la jerga— se apoya casi por completo en la dirección IP. Cada conexión a internet sale por una dirección, y a esa dirección le corresponde una ubicación aproximada en bases de datos comerciales de geolocalización. Cuando alguien abre el sitio:
- el servidor ve la dirección desde la que llega la petición;
- consulta una base de datos de geolocalización;
- y decide, con esa información, si sirve la página o devuelve un error.
Lo que este filtro decide es si la conexión pasa, no lo que la página muestra después. Quien pasa desde Lisboa y quien pasa desde Londres ven exactamente la misma lista de acompañantes en Lisboa: la geografía del contenido es editorial y está escrita en la página; la del bloqueo es de red y está en la dirección. Confundir ambas explica buena parte de los malentendidos sobre el asunto.
Dónde falla este filtro
Un filtro construido sobre direcciones IP hereda todas las imprecisiones de las direcciones IP, y no son pocas:
- las bases de geolocalización no son exactas. Aciertan razonablemente con el país y fallan con bastante más frecuencia con la ciudad, lo que basta para clasificar mal a una parte de los visitantes;
- las direcciones son dinámicas y compartidas. Muchos operadores asignan direcciones que cambian y que sirven a varios abonados al mismo tiempo, por lo que la dirección de hoy puede no decir lo mismo que la de ayer;
- las redes móviles lo complican todo. En itinerancia, el móvil está físicamente en un sitio y sale a internet por una ruta del operador de origen, y eso basta para que el filtro lea el país equivocado.
El último caso es el más visible de todos en el sur del país: el visitante extranjero que busca acompañantes en Faro en temporada alta ve que la misma dirección se comporta de manera distinta a la que está acostumbrado en casa, sin que nada haya cambiado en el sitio. La conclusión que merece el asunto es esta: el bloqueo por país es un filtro grueso. Frena el acceso casual, produce falsos positivos con regularidad y no constituye, en rigor, un control de quién llega. Esta página describe por qué el filtro es impreciso; no explica, y no es ese su objetivo, cómo sortearlo.
Cuando no hay bloqueo alguno
Hay una causa de fallo que no tiene que ver con la geografía ni con las normas. Una parte muy grande de la web para adultos —sitios grandes y pequeños, competidores entre sí y sin ninguna relación técnica aparente— pasa por los mismos pocos proveedores de distribución de contenidos y de protección contra ataques. Cuando uno de esos proveedores sufre una avería, cae al mismo tiempo todo lo que sirve: páginas que no cargan, errores 502 y 504, vídeo que arranca y se detiene. No es el país, no es el dispositivo y no es el sitio: es una capa intermedia de la que depende medio sector a la vez, y se reconoce precisamente por ser simultánea y, por regla general, breve.
De qué lado está el problema
Sin acceso a los registros de quien sirve las páginas, nadie tiene certezas. Lo que sí se consigue es un orden de sospechas, a partir de la forma de la avería:
- varios sitios distintos al mismo tiempo, y casi todos de vuelta poco después: la causa suele estar en infraestructura compartida, no en una decisión sobre usted;
- un solo sitio, siempre, durante días o semanas: la causa está de ese lado: cambio de dominio, problema de alojamiento o una restricción impuesta por quien lo opera;
- un síntoma que va y viene a lo largo del mismo día: rara vez es un bloqueo por país, porque un filtro por país es una decisión binaria y constante: o el país pasa o no pasa.
Falta una distinción que se hace sin ninguna herramienta: la que separa el sitio de la página. Si la lista de acompañantes en Oporto abre y una ficha individual de su interior no, lo que falló fue una petición y no un país: ningún filtro geográfico bloquea medio sitio. Es el tipo de detalle que ahorra mucho tiempo a quien está convencido de que le han cerrado la puerta.
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